Parece que fue ayer, sin embargo el tiempo ha pasado como si fuera un suspiro, desde aquel sábado 8 de abril de 1995, fecha que indudablemente ha marcado mi vida para siempre. Son 18 años de haber decidido unir mi vida con una gran mujer, todavía una niña dijeron muchos, pero muy madura y convencida del paso que estábamos dando. ¿Fue difícil? Claro, ya que estábamos uniendo dos culturas: la oaxaqueña con la chiapaneca, indudablemente dos formas diferentes de ver la vida, pero con un tesoro muy valioso en común: EL AMOR.

Kary y yo
Declarando mi amor

En estos años, Kary, has sido mi amiga, compañera, esposa, amante, confidente y has sabido siempre estar ahí. Me has entregado todo tu amor desde el primer día, en las buenas y en las malas, en las crisis y en las abundancias, en las tristezas y en las alegrías. Hoy llegamos a la mayoría de edad como matrimonio, en una época donde la sociedad conyugal está tan cuestionada y desprestigiada, en donde los jóvenes no quieren formalizar una unión para toda la vida. Donde ya no se lucha por conservar y mantener un hogar y se recurre a la solución más sencilla: el Divorcio

Kary, en estos años de matrimonio he experimentado la alegría del recibir y del dar, de procrear, cuidar y educar a nuestras hijas.  En otras palabras he aprendido a amarte, a comprometer todas mis fuerzas para llevar una vida de armonía y felicidad.

Demostrando nuestro amor
Demostrando nuestro amor

Ya lo dijo S.S. Benedicto XVI   que para poder crecer en el amor de un matrimonio se debe “…cultivar el diálogo, respetar el punto de vista del otro, estar dispuestos a servir, tener paciencia con los defectos de los demás, saber perdonar y pedir perdón, superar con inteligencia y humildad los posibles conflictos, acordar las orientaciones educativas, estar abiertos a las demás familias, atentos con los pobres, responsables en la sociedad civil”

Gracias Kary  por estos 18 años de amor, de entrega y compromiso total. Gracias por los 2 tesoros que me has dado. Gracias por ser una esposa ejemplar. Gracias por mantener la llama del amor encendida. Gracias por llevarme a luchar para mantener nuestro matrimonio firme, sin que nada ni nadie lo destruya. Gracias de todo corazón y te pido perdón por mis errores.

Finalmente, tengo que decirte eternamente, TE AMO 

 

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Written by Mtro. Gustavo Reyes Hernández

Maestro en Gestión de Tecnologías de la Información
Investigador sobre el uso de las TIC’s en la educación

XVIII Aniversario
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